LA PINTURA DE GABRIELA BERNALES

ENTRE REALISMO Y SURREALISMO

 Mientras escribo de la pintura de Gabriela Bernales, me acuerdo de algunas expresiones de Salvador Dalí:
- "De quien no quiere imitar a nadie, no sale nada"

- ¿Que es la verdad? Poco menos que nada.

- Y todavía me viene útil mencionar al grandísimo Picasso, que afirmaba:
- - la pintura es un arte para ciegos, el pintor no pinta lo que quiere, sino los que oye"… claramente Picasso no se refería al oído, sino a lo que el pintor escucha en su interior porque si así no tuviera que ser, si el pintor es ciego e inclusive sordo, no hay pintura".
- Dios! no es que ésto no haya acontecido. La pintura moderna, poniendo al centro "la idea" ha aceptado todo y el contrario de todo. Por lo tanto nos hemos encontrados en una cantidad enorme de cuadros pintados por pintores ciegos y sordos, alguna vez originales pero más a menudo muy listos que se habían dado cuenta que no eran materialmente pintores, pero que "el mercado los quería así, y ellos mismos estaban conformes con esta situación del mercado. Claramente a establecer esta situación "deviada" han participado muchos críticos de arte que con sus escritos conseguian orientar al mercado.
Y a confirmación de esta opinión mía, tengo que recurrir a otra citación de Salvador Dalí: "En vez de escribir la Historia del Arte, yo escribo el Arte de la Historia, porque los históricos del arte son todos unos idiotas mediocres, con excepción del humilde subscrito".
Entendemonos, no es que Dalí posee el "verbo", sino que me refiero a èl como persona informada de los hechos, como se usa decir en términos judiciales.
Se me puede preguntar el porquè? de una premisa tán larga, y en que se relaciona la pintura de Gabriela Bernales con Dalì y Picasso.
Dejadme pensar que, distancias a parte, la relación no es gratuíta ni irriverente, cada artista aùnque no posea la consciencia, siempre tiene alguna referencia. Muchos de ellos no lo admiten por pura presunción y no se dan cuenta que la negación de la "referencia" significa negar la esencia del arte que significa evolución.
En el arte nadie inventa nada porque ya se ha inventado todo. Pero en el arte existe una evolución contínua que en algunas ocasiones algùn ingenio transforma en revolución. Pero inclusive en este caso existe un vínculo entre lo que existía antes, la revolución en acto y lo que sucederá después. Todos los artistas, en su producción nunca son Hijos de personas desconocidas; todos poseen un arbol genealógico, los artistas, en su egocentrismo pueden no reconocerlo, pero el arbol genealógico existe y es bien que exista, porque el arbol genealógico es como las huellas digitales, no tan solo no se hacen borrar, pero ayuda a entender y a clasificar la "pertenencia" de un artista y una corriente o una forma de arte.
Es obvio que todo esto tiene un límite. Las clasificiaciones pueden ser arbitrarias o unilaterales o en el mismo artista pueden convivir almas diferentes o finalmente que el mismo artista madure su arte en una evolución contínua de su manera de oir y por lo tanto de su manera de proponerse o de proponer su mensaje.
Los "tumbos" no son tan solo un hecho político, deprecables en política, sino son necesarios en el arte que por definición es "belleza en movimiento".
Gabriela Bernales está viviendo su momento de transformación poética, pero esta transformación/Evolución acontece en el interior de aquella "peruanidad" que otorga credibilidad sentimental a toda la pintura de Gabriela.
Ayer, la pintura de la Bernales se podía considerar una pintura de denuncia social: los niños por detrás de verjas, las madres de los desaparecidos; algunas escenas de guerrilla andina, todas ellas eran pintura de denuncia, a lo mejor romantica, pero siempre con una enorme solidez artística que se cristalizaba sobre el plan estético.
Gabriela ha pintado muchas naturalezas muertas, muchas flores (capullos de rosas recién recogidos) en los cuales no prevalían "las cosas" y los "objetos", sino tenía prevalencia el color y esta prevalencia, esta prepotencia del color transfiguraban en abstracción una realidad, real pero no verdadera, con el color, con sus rojos de erupción vulcánica, con sus amarillos que no se apoyaban sobre la tela sino la agredían, con las vibraciones ignotas de sus colores ella iba afuera de la verdad objetiva estableciendo una realidad surreal.
En sus desnudos, en sus Marilinas, se nota un máximo de ternura, con el respeto no feminista sino humano del desnudo de mujer. En estos desnudos, que no son eróticos (Gabriela Bernales es una católica convencida) existe una evidente atmósfera de sensualidad que no procede del sujeto pintado, sino procede del ambiente, de la atmósfero en la cual el sujeto se encuentra sumergido y de la cual el mismo sujeto quiere huir. En este momento no me acuerdo quien lo ha dicho, seguramente un pintor muy famoso que ha afirmado: "Al final, toda la pintura es erótica", el erotismo no siempre es el que se pinta, pero se encuentra en el interior de quien pinta, y este impulso atávico, antes o después emerge con toda la fuerza de la naturaleza o mejor todavía, con toda la fuerza del alma, la única cosa que el ordenador no consigue controlar, por lo menos, hasta hoy día. No me pronuncio para el futuro, pero no consigo ser muy optimista al respecto.
Si observamos los cuadros de más reciente producción, por ejemplo los toros, sobresale en manera muy evidente que aquellos toros son verdaderos, pero no son reales. En esto considero que Gabriela se puede definir una pintora surrealista. Gabriela pinta una realidad que siempre es por encima de lo real.
Sus toros son reales, pero no verdaderos, además representan una ocasión. Una ocasión para pintar "la fuerza". Los toros que pinta Gabriela Bernales, espantan, expresan una fuerza que no es brutal, sino es una fuerza de la naturaleza. Parece que los toros salieran de la tela, pero saliendo de la tela su fuerza se pierde, porque se ven obligados a ser fuertes como símbolo, precisamente de la fuerza abstracta de la fuerza, símbolo de la fuerza, relato de la fuerza, fábula y poesía.
Además no se pueden ignorar las orígenes, que la marca indeleble de nuestra vida. Gabriela es hija de un importante propietario de tierra (ahora fallecido) peruano.
Ha transcurrido en parte su infancia en la Sierra de Perú, en una finca en la cual, probablemente, se crían toros para las corridas. El padre de Gabriela, amante de los animales de raza, durante las largas noches de invierno, reunía alrededor suyo a las hijas y a los hijos, y como un cantor, contaba de toros.



Una parte eran leyendas, una parte eran hechos enriquecidos por la fantasía, una parte puras invenciones. A Gabriela pareciera que nadie ha contado de Caperusita Roja, o della Fata Turchina o de Cenerentola. Las fábulas de Gabriela eran los toros y los toreros, los animales de la foresta, el padre que en la Sierra todo dominaba con autoridad y con humana comprensión, por ser "Inca".
Luego, como una tormenta ecuatorial, llega la reforma agraria. Lejos de la tierra, de la casa, de los animales, de los sueños de juventud.
En Gabriela la rabia por esta sociedad que en nombre de una fusoma justicia social se lo lleva todo, sín ofrecer el mínimo bienestar a nadie, esta rabía todavía permanece. A lo mejor Gabriela expresa una vez más esta rabia a través de la fuerza rompiente de sus toros. Inclusive esta llave de lectura puede tener su recóndito, pero real significativo.
Esto explica inclusive el hecho de que los toros son verdaderos, pero no reales. Los toros representan a la fuerza destructiva, que puede ser la reforma agraria, pero puede ser también la sociedad injusta en la cual estamos obligados a vivir. Una sociedad violenta, corrompida, que conoce una sola ley, el edonismo selvaje.
En algunos cuadros, en la pintura que procede de la tauromaquia, Gabriela Bernales inserta algunos perfectos desnudos de mujer. A mi parecer los cuadros así pintados se tendrían que intitular "La Revancha" no en el sentido feminista, sino para demostrar que la mujer posee la misma fuerza de la fuerza.
No resulta feminismo arcáico en los cuadros de Gabriela Bernales, porque la pintora sabe que esta sociedad no se puede mejorar por mano solo de los hombres o de las mujeres, sino puede ser transformada y mejorada tan solo si los hombres y las mujeres salen de la contraposición y son capaces de seguir para adelenate hacia un futuro más equo, más solidal, más democrático.
Yo no soy un crítico de arte, soy mucho más. Soy un collecionista que el arte la ha vivido por dentro, con los artistas y pagando de lo suyo, algunas veces con sacrificios no indiferentes. Ahora bien, yo tengo un cuadro de la Bernales que se encuentra ubicado entre un estupendo paisaje de Guttuso y un maravillo De Chirico. Bien, aquel cuadro "liga" perfectamente, sigue la confrontación con la fuerza de un cuadro pintado por un viejo maestro.
Yo creo que en esta evolución neo-surrealista, entre el figurismo realístico y el colorismo de Van Gogh, o digamos inclusive de Klee y de Kandisky, Gabriela Bernales ha encontrado la correcta colocación. Esto no significa que se puedan tener repensamientos u otros pequeños pasos hacia un mayor empeñio social y humáno.
Pero el gran surco ha sido trazado. Gabriela Bernales ha quedado atada a su tierra, pero no en forma nacionalista, permanecerá atada como pintora de la verdad, por encima de la verdad.
A lo mejor se me acusa haber hablado poco de la "pintura" de Gabriela, y yo acepto la observación, pero no la comparto.
He leído mucho y varias veces De Santis y Flora. Yo creo que me han enseñado que el "producto" de cada artista es su mundo. Yo, intentando relatar el mundo de Gabriela, he dado la llave de lectura de su arte.
Los cuadros se encuentran allí, expresan un mundo a lo mejor ya vivido, a lo mejor soñado, a lo mejor fantástico. El problema es saber si Gabriela ha conseguido con su pintura a expresar este mundo. Lo demás es pura técnica y manualidad. Dejo este juicio a los profesores de Brera y a aquellos críticos a los cuales les gusta hablar de colores que transfiguran, de "señas que inciden" de "colores que parece se muevan en el infinito". Yo de todo esto no conozco, para mi antes de todo existe el mundo del artista, el poque de aquel cuadro, los sentimientos, la felicidad, el sufrimiento que cada cuadro expresa; lo demás lo dejo a la fatigada repetición de los profesionales de Critica de arte.
No se me puede pedir más, porque no sabría hacerlo.
Mario Pomara
Milán, Marzo 2000