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PINTURA COMO
UN RELATO
Gabriela
Bernales: sus historias, sus personajes
"Mi
padre sabía como hacernos divertir!!. Inclusive en el
campo más aislado, en donde no existían
distracciones. Con sus historias inventadas pero verdaderas,
casi sin fin metáforas, a lo mejor, que tenían
como objetivo fundamental, llevarnos a meditar y
reflexionar. Luego, durante las noches de luna llena, todos
juntos hacíamos unos estupendos paseos para ver los,
"nuevos" colores de la hierba, para seguir el recorrido del
río de color plateado imaginando toda la maravilla y
secreto que lleva en el recorrido infinito cual un mensajero
buscando el cause sin destino final, mirando aquel cielo
azul sereno e infinito, lleno de estrellas. Y nosotros
chavales , yo y mis hermanos, empeñados en contiendas
interminables, para ver quien de nostros conseguía
contar más estrellas: una, dos, tres,
mil
veces mil
".
De esta forma Gabriela Bernales comienza a contarme su
infancia en lo alto del llano andino de Cuzco, antigua
capital en donde nació, en el Valle de Urubamba y
Apurimac, mientras se deslizan bajo los ojos y las manos las
telas de esta exposición (en la Fabbrica dei Pinoli
alla Versiliana) que conjunta una humanidad muy a menudo
asustada y sorprendida, algunas veces alegre y tranquila,
otras enfadadas o dolientes, muy a menudo impaginada
conforme una narración escandida en el alveo de la
emoción y de su reconoscimiento. Por lo tanto,
figuras y luego imágenes de desnudos femeninos y
luego de toros y toreros. Muchos toros e igualmente toreros.
"Señalandonos el lago ubicado en la cumbre de una
montaña rica de minas de plata y de oro, cercana a
nuestra finca, mi padre me contaba que en las noches de luna
llena desde aquel lago solian salir grupos de toros furiosos
que peleaban, los unos contra los otros, midiendo a sus
propias fuerzas, e invitaba a nosotros, niños, a que
permanecieramos fieles a nuestra educaciòn e
principios para evitar que los mismos toros, nos arrastraran
hasta el fondo del lago
". Estas son las palabras con
las cuales Bernales sigue su narración, en una mezcla
agradable de italiano y español, idioma especialmente
musical. Volviendo a encontrar la llamada de los mitos y
volviendo a confirmar los antiguos rituales.
Está claro que hoy día a Gabriela nadie
más cuentas estas u otras fábulas.
El romantico tema de la lucha para la existencia, de aquel
combate infinito entre la muerte y la vida, ya pertenece a
la más cruda y a la más amplia realidad, como
si fuera una especie de fiesta móvil. ¿No es
verdad que la crueldad resulta como una determinante
común a la mayoría de las personas? Y,
efectivamente, su extenderse como una mancha de aceite desde
Monzambico hasta Cecenia, America Central, America del Sur,
Bosnia, Africa, Asia, nos implica en manera siempre
más sutil y directa. O a lo mejor, nos implica.
¿Que significan estan luchas entre toros y toreros?
"
desde aquel lago salían toreadas de toros
furiosos..", todavía escuchamos las palabras de
Gabriela.
Y de esta forma se explican estas obras recientes y
temáticas en las cuales los protagonistas son al
mismo tiempo hombre y bestia, en una especie de
"confusión deseada" que lleva a una esplícita
inversión de los roles. "Angeles buenos o malos, no
lo se
", ha escrito, en otras ocasiones e inherentes a
otras cosas, Rafael Alberti, amigo de algunas jornadas
materanas.
El momento en el cual el torero hunde en el cuello del toro
- símbolo de un poseso traválico de toda cosa
y de todo especie - la espada, el último de la suerte
suprema, al final, no es más que un gesto (¿pero
no lo es también la pintura) que ata indisolublemente
la víctima y el carnéfice. Según un
ritual contemporaneo de placer y de dolor, de muerte y de
alegría: la que se realiza en la arena, pero
también la de la gente que se agíta a su
alrededor.
Probablemente en todo esto, la joven artista peruana ha
mirado inclusive a Picasso, a parte aquel Vincent
holandés hijo de un pastor protestante que la misma
ha entendido como una referencia meramente cultural,
recibiendo estimulaciones continuativas y complejas.
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Pintoricamente
en línea con una norma expresiva ligada a la
representación de la figura y a la realidad - mucho
más de cualquier aspecto meramente cronista, pero -
Gabriela Bernales declína en todas sus
obras(inclusive en aquellas de algunas antecedentes
temporadas y que por obvias y comprensibles razones no se
encuentran en este encuentro expositivo) aquellas raices
expresionisticas que llegan a una pintura ancha y modulada
rica de inquietantes deformaciones expresivas (su estancia
europea y los estudios milanese en la realidad creativa de
Brera, y por lo tanto a nuestro aviso inclusive Ensor y
Nolde) que algunas veces se salen de una cierta modalidad de
abstracción. Sirviendose de un espacio
pictórico, en el cual la tensión es como si se
fuera sometida a una especie de dilatación infinita y
la figura (cualquiera la misma sea) pierde el límite
de su proprio cuerpo y su definición, no tan solo en
la multiplicidad contemporaneas de la multitud de las
imágenes, sino también en las infinitas
variaciones de las relaciones cromáticas: los
amarillos, los violetas, lor verdes y aquel rojo
vulcánico aspro y severo hasta llegar a ser doloroso.
Concretizando de esta forma asulivas inquietudes que, bajo
algunos aspectos, nos llevan a nuestra mente los versos de
García Lorca.
El color resulta como transfigurado, hasta abstracto.
Inclusive cuando fija sobre la tela el momento de la
tensión y el deslumbramiento de una corrida
sangrienta.
Leíble, sobresale en transparecencia una especie de
acritud expresiva. Pero tan solo aparente.
La obra manifiesta la misma tensión que Gabriela
advierte en el momento en el cual se presenta como pintora,
inventando imágenes verdaderas pero no reales (en la
misma manera de aquellos toros ahora resultan estas mujeres
de las cuales sobresale una especie de evidente sensualidad,
pero también un sutil y sereno erotísmo a
partir de aquella muy reconocible Norma Jean Baker a todas
las demás desconocidas o casi anónimas) de
formación bastante compleja y cargadas de especial
atmósfera.
Mario Pomara que la conoce bien, escribe de aquella especie
de "peruanidad", acordando el rol que la escuela de Cuzco y
la religiosidad han contado en el desarrollo de Gabriela,
haciendo identificar la humanidad por completo como el
sujeto de sus pinturas, en una representación
positiva y personal de los estados emotivos.
Y volviendo a mirar estas pinturas, todas ellas juntas y en
secuencia, resulta el mundo entero de Gabriela Bernales en
una especie de "momentos de la verdad" que relatan lo que
ellas verdaderamente ha vivído. Efectivamente la
pintura es objetivación de lo real, pero
también el el relato de aquel solitario camino de la
consciencia que, a parte los fragmentos, las formas y la
aculación turbulenta de colores y luces, conduce a
comprender el misterio de la vida, en una especie de
personal, humilde y desmesurado ruego de libertad.
Toti
Carpentiere
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